
Rompiendo con el tiempo. Jugando al juego del olvido, pero sin acordarme de las reglas. Cicatriz tras cicatriz. Queriendo hacer trizas y la vez las paces con lo vivido. Malviviendo en las arenas del pasado. Ahogándome en las lagunas profundas del no saber que hacer. Y si, definitivamente creyendo mejor los días de antaño. Así me siento, mirando al futuro con caras largas y sin saber que seguiré perdiendo minutos, segundos, sin poder hacer nada. El tiempo es el único vehículo que no podemos conducir a ciencia exacta, acelera cuando queremos que todo pase lento, no frena aunque nosotros quedemos perdidos por el camino y para colmo no ofrece marcha atrás de serie.
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